Aizita さんのプロフィール♥º*ºoºº''ººo.. _♥Aiza en...フォトブログリストその他 ツール ヘルプ

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11月20日

El cariño no se gasta... No se gasta!!**

Cuando la tía Carmen se enteró de que su marido había caído preso de otros perfumes y otro abrazo, sin más ni más lo dio por muerto. Porque no en balde había vivido con él quince años, se lo sabía al derecho y al revés, y en la larga y ociosa lista de sus cualidades y defectos nunca había salido a relucir su vocación de mujeriego.

La tía estuvo siempre segura de que antes de tomarse la molestia de serlo, su marido tendría que morirse. Que volviera a medio aprender las manías, los cumpleaños, las precisas aversiones e ineludibles adicciones de otra mujer, parecía más que imposible.

Su marido podía perder el tiempo y desvelarse fuera de la casa jugando cartas y recomponiendo las condiciones políticas de la política misma, pero gastarlo en entenderse con otra señora, en complacerla, en oírla, eso era tan increíble como insoportable.

De todos modos, el chisme es el chisme y a ella le dolió como una maldición aquella verdad incierta. Así que tras ponerse de luto y actuar frente a él como si no lo viera, empezó a no pensar más en sus camisas, sus trajes, el brillo de sus zapatos, sus pijamas, su desayuno, y poco a poco hasta sus hijos.

Lo borró del mundo con tanta precisión, que no sólo su suegra y su cuñada, sino hasta su misma madre estuvieron de acuerdo en que debían llevarla a un manicomio.

Y allá fue a dar, sin oponerse demasiado. Los niños se quedaron en casa de su prima Fernanda quien por esas épocas tenía tantos líos en el corazón que para ventilarlo dejaba las puertas abiertas y todo el mundo podía meterse a pedirle favores y cariño sin tocar siquiera.

Tía Fernanda era la única visita de tía Carmen en el manicomio. La única, aparte de su madre, quien por lo demás hubiera podido quedarse ahí también porque no dejaba de llorar por sus nietos y se comía las uñas, a los sesenta y cinco años, desesperada porque su hija no había tenido el valor y la razón necesarios para quedarse junto a ellos, como si no hicieran lo mismo todos los hombres.

La tía Fernanda, que por esas épocas vivía en el trance de amar a dos señores al mismo tiempo, iba al manicomio segura de que con un tornillito que se le moviera podría quedarse ahí por más de cuatro razones suficientes. Así que para no correr el riesgo llevaba siempre muchos trabajos manuales con los que entretenerse y entretener a su infeliz prima Carmen.

Al principio, como la tía Carmen estaba ida y torpe, lo único que hacían era meter cien cuentas en un hilo y cerrar el collar que después se vendería en la tienda destinada a ganar dinero para las locas pobres de San Cosme. Era un lugar horrible en el que ningún cuerdo seguía siéndolo más de diez minutos.

Contando cuentas fue que la tía Fernanda no soportó más y le dijo a tía Carmen de su pesar también espantoso.

-Se pena porque faltan o porque sobran. Lo que devasta es la norma. Se ve mal tener menos de un marido, pero para tu consuelo se ve peor tener más de uno. Como si el cariño se gastara.

El cariño no se gasta, Carmen -dijo la tía Fernanda.

Y tú no estás más loca que yo. Así que vámonos yendo de aquí. La sacó esa misma tarde del manicomio. Fue así como la tía Carmen quedó instalada en casa de su prima Fernanda y volvió a la calle y a sus hijos. Habían crecido tanto en seis meses, que de verlos recuperó la mitad de su cordura. ¿Cómo había podido perderse tantos días de esos niños?

Jugó con ellos a ser caballo, vaca, reina, perro, hada madrina, toro y huevo podrido. Se le olvidó que eran hijos del difunto, como llamaba a su marido, y en la noche durmió por primera vez igual que una adolescente.

Ella y tía Fernanda conversaban en las mañanas. Poco a poco fue recordando cómo guisar un arroz colorado y cuántos dientes de ajo lleva la salsa del spaguetti.

Un día pasó horas bordando la sentencia que aprendió de una loca en el manicomio y a la que hasta esa mañana le encontró el sentido: «No arruines el presente lamentándote por el pasado ni preocupándote por el futuro.» Se la regaló a su prima con un beso en el que había más compasión que agradecimiento puro.

-Debe ser extenuante querer doble -pensaba, cuando veía a Fernanda quedarse dormida como un gato en cualquier rincón y a cualquier hora del día.

Una de esas veces, mirándola dormir, como quien por fin respira para sí, revivió a su marido y se encontró murmurando:

-Pobre Manuel.

Al día siguiente, amaneció empeñada en cantar Para quererte a ti, y tras vestir y peinar a los niños, con la misma eficiencia de sus buenos tiempos, los mandó al colegio y dedicó tres horas a encremarse, cepillar su pelo, enchinarse las pestañas, escoger un vestido entre diez de los que Fernanda le ofreció.

-Tienes razón -le dijo-. El cariño no se gasta. No se gasta el cariño. Por eso Manuel me dijo que a mí me quería tanto como a la otra. ¡Qué horror! Pero también: qué me importa, qué hago yo vuelta loca con los chismes, si estaba yo en mi casa haciendo buenos ruidos, ni uno más ni menos de los que me asignó la Divina Providencia. Si Manuel tiene para más, Dios lo bendiga. Yo no quería más, Fernanda. Pero tampoco menos. Ni uno menos.

Echó todo ese discurso mientras Fernanda le recogía el cabello y le ensartaba un hilo de oro en cada oreja. Luego se fue a buscar a Manuel para avisarle que en su casa habría sopa al mediodía y a cualquier hora de la noche. Manuel conoció entonces la boca más ávida y la mirada más cuerda que había visto jamás.

Comieron sopa.

 

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11月8日

Te Quiero, Te Amo, Te Admiro... esa cartita...

Mi principito hermoso!!** 

Corre por mis venas un sentir inexplicable, es fuego abrasador que quema, lluvia intensa que baña mi alma y llena mi ser de pasión.

Una vez más siento que vuelo en ese mágico mundo que solo tú has creado.

Te siento en mi piel, respiro tu aroma que fraguada en mi alma endulza mi vida con tierna fragancia. A tu lado me siento reina, siento que el sol no me quema y que la noche es el mejor escondite para amar.

Te siento tan mío que celosamente cuido tus pasos, ¿qué seria de mí sin tu presencia? Moriría de pena y llanto si un día me faltaras.

Sentada en la ventana miro la luna salir, y le pido que guarde este amor en una pequeña estrella, para que siempre brille, y aunque lejana, al mirarla cada noche siempre recordarte. Te amo, y no hay sentir tan fuerte como el de amar y ser amado.

Quisiera ser un hada y convertir las noches en eternas horas de entrega infinita, de ilusiones encontradas. Te amo mi dulce niño, mi tierno caballero.

Te has convertido en la parte mas necesaria de mi vida, nunca me dejes y llenaré tu vida de amor y felicidad con mi constante entrega.

Me despido de ti con esperanzas, que me acompañan durante el día y la noche, y aunque mi vista deje de verte, tendré la esperanza de volverte a ver.

Te quiere:

Aiza

 

 

colage

11月5日

¿Por qué me gustan taaaanto a los doctores?

Cuando era pequeña (ah si ya lo se sigo pequeña… pero me refiero a la edad), odiaba ir a citas médicas, me chocaba ir a ver a un tipo para que me revisara, me tomara la temperatura, me recetara alguna medicinita, un jarabito o peor aún unas inyecciones que recuerdo me dolían mucho, y al final el muy sínico intentaba remediar su osadía de hacerme sufrir con una paleta payaso, lo peor era que funcionaba, pues inmediatamente olvidaba las medicinas y las jeringas… recuerdo que siempre decía que odiaba a los doctores y nunca de los nuncas iba a cambiar de opinión respecto a ellos; ahora las cosas han cambiado, porque por alguna extraña razón amo a los doctores, se ven tan bonitos con sus batitas blancas, con esa sonrisa hermosa que te ofrecen cada que te atienden, ahora veo a los doctores y hasta los encuentro atractivos, y no es que todos los doctores sean guapos eh, simplemente creo que esos doctores guapos del tipo Dr. House, Dr. Shepherd, Dr. Burke, Dr. Chase, son del tipo de doctores a los que me encantaría visitar, aunque tuviera que pasar por los pasillos limpios con olor a formol de un hospital, de ese tipo de doctores a los que en lo personal le pediría una cita, con gusto aceptaría que me revisaran, seguramente me aumentarían la temperatura, mi medicina sería el verlos, cambiarás gustosa la paleta payaso por un beso y antes de salir mi pregunta sería ¿Cuándo es mi siguiente cita?... pues si, tal vez estoy loca pero realmente sería fascinante poder tener como médico de cabecera a cualquiera de los antes mencionados… y mientras ese día llegue seguiré soñando con mi grupo maravilla de doctores… y bueno la verdad no me quejo, pues se que pronto tendré al doctor más bonito de toooooooodo el planeta tierra, que no le pide nada a nadie… Alguien sabe ¿por qué me gustan taaaanto los doctores?

Dr. Derek Shepherd (Patrick Dempsey) de Anatomía de Grey Dr. Gregory House (Hugh Laurie) Dr. Robert Chase (Jesse Spencer) Dr.Preston Burke (Isaiah Washington) de Anatomía de Grey

11月1日

Las cartas de amor... son ridículas, pero....

Todas las cartas de amor son
ridículas.
No serían cartas de amor si no fuesen
ridículas.

También escribí en mi tiempo cartas de amor,
como las demás,
ridículas.

Las cartas de amor, si hay amor,
tienen que ser
ridículas.

Pero, al fin y al cabo,
sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor
sí que son
ridículas.

Quién me diera en el tiempo en que escribía
sin darme cuenta
cartas de amor
ridículas.

La verdad es que hoy mis recuerdos
de esas cartas de amor
sí que son
ridículos.

(Todas las palabras esdrújulas,
como los sentimientos esdrújulos,
son naturalmente
ridículas).

 

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