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4月27日

Magia...

Por arte de magia

Estaba Martín jugando en el parque cuando se le acercó una chica curiosa. A ella le había llamado mucho la atención ver cómo Martín trataba en vano de hacer volar un avión hecho con papel mojado que, una y otra vez, caía al suelo sin planear en absoluto.

Al verla aparecer, Martín le dijo sonriente:

Martín: Hola. ¿Cómo te llamas?
Lía: Hola. Me llamo Lía.

Martín: Hola, Lía. ¿Quieres jugar con mi avión?                
Lía: ¿Estás tonto? ¿Cómo vamos a jugar con un avión que no puede volar?

Martín: Bueno, si crees que no puede volar, entonces no podremos jugar juntos.
Lía: Es que no puede volar. ¿No ves que está mojado?

Martín: Ya sé que está mojado. Se ha mojado con la lluvia. Pero sí puede volar, créeme.
Lía: Pues se está cayendo todo el rato.

Martín: No. Está volando.
Lía: ¡Já! Eso no es verdad. Además, ¿cómo quieres que vuele si está mojado? ¿Es que quieres que se sostenga solo?

Martín: ¿Solo? No. Quiero que se sostenga por arte de magia.
Lía: Ah. Osea que eres mago.

Martín: No, pero sí creo en la magia.

En ese momento, apareció la madre de la niña y se la llevó con prisa, dejando solo a Martín mientras trataba de hacer volar su avión mojado. No la volvería a ver hasta muchos años después cuando, en el mismo lugar, Martín jugaba de nuevo con su avión mojado…

Lía: ¿Has conseguido hacerlo volar ya?
Martín: Claro. Nunca ha dejado de volar.

Lía: Veo que sigues creyendo en la magia. ¿No eres un poco mayor ya para eso?
Martín: No, no lo creo y, además, tampoco creo que sea una cuestión de edad. Creer en la magia es algo más que tener fe en algo aparentemente increíble. Creer en la magia es una forma de rebelarse a la realidad desafiando sus límites.

Lía: ¿Para qué? No es algo real.
Martín: Sí, sí lo es. Yo lo veo. Y, si lo veo, es real.

Lía: ¿Y qué ves?
Martín: Veo una realidad más bella.

Y, sin decir una palabra más, Martín se giró y lanzó de nuevo el avión al aire. Por un instante, Lía contuvo la respiración esperando ver volar por fin al avión. Pero no fue así, y el avión cayó directamente al suelo una vez más. Entonces, Martín se volvió hacia ella y le dijo:

Martín: ¿Ves? La magia no es otra cosa que ilusión.

 

dama+y+estrella

tetubouk115ehpx8

4月20日

Metáfora...

Y de pronto cesaron las orquídeas.

Justo después de declararle mi amor dejé de recibir sus cartas, esos chocolates, invitaciones a los mismos lugares que estando con él me encantaban.

 Ah, y las flores.

 También dejó de enviarme flores.

 “Orquídeas violetas, para una belleza violeta”, solía escribirme en el sobre.

Solíamos hacer tantas cosas entonces: besarnos en un columpio, perseguirnos por todo el parque, buscar cometas en un cielo oscuro para encontrar una o dos estrellas fugaces...

Creo que alguna vez hicimos juntos todo eso, pero todo desapareció de pronto, casi tan repentinamente como llegó.

Dicen que lo que comienza pronto termina igual, de pronto, que la felicidad sólo se alcanza por instantes, que los torbellinos se presentan, hacen temblar el suelo y se esfuman sin más, dejando atrás ruinas y caos.

 Ruinas y caos.

El mismo corazón, mil veces remendado y vuelto a descoser.

Creo que esa última frase la leí en algún lado...

Y todo terminó, simplemente terminó y ya.

 No más flores.

No más pasión.

 No más horas solos, encerrados en una habitación.

Al menos no como antes.

No más días tachados en un calendario que ahora permanece en blanco, sin nada especial que recordarme.

Él no entendió que necesito que me amen pero también que me lo griten, que me lo recuerden, que me hagan sentirlo día tras día, exactamente como al principio, cuando decía no poder dormir de domingo a viernes en una cama vacía.

¿Y ese domingo de interminable tarea en que nos vimos a las diez de la noche porque no podíamos no vernos por más de veinticuatro horas seguidas?

A él le bastaba poco, siendo que yo necesito tanto...

Necesitaba tanto de él, sentir todo el tiempo sus caricias.

Necesitaba simplemente estar con él.

Y eso es lo que él no entendía.

Necesitaba recibir sus orquídeas, aunque no fuesen más que flores muertas.
 
 

Ven te necesito para que le des sentido a éste corazón que no encuentra reposo si no es contigo.


 

“Cuando termina un amor, así como termina el mío, sin una razón ni un motivo…sin nada…sientes un nudo en la garganta, un peso en el estómago, un vacío en la cabeza, y no comprendes nada…no te bastan los amigos, y no te bastan ya los sueños y no te basta una sonrisa, no te conforma nada, piensas en el fondo cual será el motivo, buscando una razón entre la gente pero nunca hay una razón porque un amor debe terminar así…”





4月12日

Un cuentito...

La mariposa y el águila real.

Apenas hace unos días llegó una mariposita de colores a mi habitación, aleteaba y aleteaba en mi ventana, hacía un ruidito tan peculiar, que no tardó mucho en despertarme… yo con mis ojos entre abiertos (o entre cerrados… es subjetivo y da lo mismo), la dejé entrar, se posó sobre un libro de poesía y comenzó a llorar. Yo no tenía ni la más remota idea de que era lo que pasaba (ni siquiera tenía idea de que las mariposas lloraban), pero algo dentro de mí, me impulsó a acercarme a ella y a preguntarle:

-¿Qué te sucede pequeña mariposa?

-Me enamoré de un águila real y… bueno yo… quería que… yo no sabía que… (waaaa!!** comenzó a llorar de nuevo, pero con más fuerza la pequeña mariposa).

-Tranquila pequeña, enamorarse no es malo (he aquí a la princesa mazapán intentando consolar a una mariposa), siempre y cuando de esto consigas una enseñanza…

-No, es que, me enamoré de él y prontamente lo comencé a amar y entonces… (waaaa… otra vez lloró)

-Ya sé, terminaste lastimada, por eso traes tus alitas medio rotas, ¿cierto?...

-Falso (contestó entre los mismos sollozos la mariposita, ¿cómo le hacía para llorar y prestarme atención a la vez?).

.Entonces explícame, pero sin llorar, por favor, que no entiendo nada.

(Todo queda en silencio, pero es irrumpido por un frágil suspiro prolongado emanado de la mariposita).

-Yo creía que era un papalote, un papalote de colores, me veía en algunos espejos y yo veía un papalote, sí, un papalote pequeño de cuatro colores… así volaba por la vida, creyéndome papalote. Un día mientras volaba como cada mañana, me estrellé con un ave hermosa, era tan bonito, tan grande y tan fuerte… era simplemente perfecto. Los dos caímos al vacío y al recuperarme pedí mil disculpas, el águila me dijo que no había cuidado, mientras se sacudía el polvo, yo quedé como hechizada, me sentía como un alkaceltzer…

-Esa sensación de efervescencia fue por el golpe, no por ver al águila…

-(La mariposita, ignoró mi comentario soso y prosiguió con su relato)… Entonces noté que el águila tenía una espinita en su patita y lo seguí, cuando lo alcancé, le dije: Disculpe, ¿lo he lastimado?, a lo que fríamente contestó: No. Pero aunque él alzó el vuelo yo lo seguí y lo seguí, quería quitarle esa espinita, pobrecito, imaginé que le dolía.
Debería permitir que yo lo curara, le dije.
¿Sigues aquí?, date cuenta que soy un águila real y soy muy fuerte, solo fue un golpe, he caído de más alto y aquí sigo, me han pasado muchas más cosas y aquí estoy. Soy un águila real, soy fuerte, nada me lastima, yo soy muy fuerte, muy fuerte, valiente y fuerte, optimista y fuerte, pero en fin, si te empeñas tanto en curarme, adelante, pero te repito que solo es un rasponcito…

-Malhaya, soberbio… todos necesitamos ayuda, pero bueno, reconozco que él NO TE LA ESTABA PIDIENDO.

-Sí, princesa mazapán, pero yo creí que podía ayudarlo, así que le dije que fuera a mi casita, para que lo curara, desde luego…

-Desde luego.

-Entonces el águila real, me siguió y se dejó mimar por mí, él me dijo que yo era un papalote bonito y muy bueno, le dije que yo era una papalotita, una cometa de colores, pero que no era bonita, él me dijo que si lo era y comencé a salir con él… entonces, él y yo…

-Espérate… ¿Se hicieron novios? O a ver, explícate, porque ya me confundí…

-Sí, algo así.

-Vaya y yo que pensé que confundir a un príncipe azucarado con un príncipe de hiel era raro… ¡Chispas!...

-Me hizo sufrir mucho, él volaba muy alto, y yo a veces no lo alcanzaba, se aprovechaba de mi convicción absurda de sentirme papalote, y cuando quería volar solo, me amarraba a un árbol y me dejaba ahí, solita y triste, una vez, olvidó meterme a mi casita y me moje todita, pensé que moriría, un rayo cayó cerca de mí, cayó en el árbol que me sujetaba, rompió la cuerdita y pude medio volar a mi casita, al llegar, me asusté porque todo estaba oscuro, yo estaba empapada, creí que mis colores habían desaparecido, me sentía muy mal, muy triste, pero me sentí mejor cuando vi que él dormía tranquilamente en mi camita, yo despacito…

-No puede ser, es absurdo, es inconcebible, es aberrante, es… es…

-Yo, despacito y con mucho cuidado intenté meterme en mi camita también, el despertó y me dijo que si podía ir a dormir a la salita, porque si me quedaba con él lo iba a mojar y sus ala podían ensuciarse. Yo entonces, corrí a dormir a la salita, cuando desperté, me dijo que me veía fatal, toda desteñida, sin colores, pero que era normal, era yo una débil cometa de papel, solo un papalote, pero que aún así me quería. Yo era feliz siendo amada por el águila real y él era feliz, conquistando aves multicolores, mientras yo recibía lo que él me quisiera dar de amor…

-Ingrato, ojalá que siempre se sienta fuerte…

-Un día como tantos otros, me trató como basura y me lanzó a un pozo profundo de tristeza y desolación, me quedé estancada ahí por días, semanas, meses… pero ahí conocí a mis amigos los gusanitos, las oruguitas… uno de esos que te digo, me llevo a un charquito de lodo  y me dijo mira, esa eres tú, ¿qué vez?, veo, le dije, una papalotita desteñida. El gusanito anciano sonrió y me dijo que no era yo un papalote, sino una mariposa multicolor, pero yo no le creí, así que busqué un espejo, y vi claramente que era yo un papalote de cuatro colores un tanto desteñidos.

-Ay mariposita, no todos los espejos te dicen la verdad a veces los charcos, te muestran más la realidad…

-Si, pero eso lo aprendí después de todo el sufrimiento que causó en mí el águila real.

-Pues ¡que su Dios lo bendiga!...

-Amén…

-Bien dicho.

-Si pero es que lo he vuelto a ver, hoy, le he visto hoy, quería abrazarlo… y lo abracé. Quería besarlo y lo besé. Quería volver a ser suya y…

-Sigues siendo de él…

-No, nunca he sido de él, ni de nadie, solo soy mía.

-¿Lo amas aún?

-Con toda mi esencia…

-¿Sufres?

-Sufre más él…

-¿Te ama?

-Sufre más él, porque no sabe amar y no quiero ni imaginar lo horrible que debe ser eso.

-Pobrecito, que vacío ha de estar, que hueco tan enorme debe tener en su alma.

-Si, lo amo, lo he comprobado, todavía lo amo, pero aunque él no me ame, ya no me duele amarlo… SOY UNA MARIPOSA.

-ERES UNA MARIPOSA… muy hermosa por cierto, Oye y ¿le quitaste la espina?

-Ah, lo olvidé…

-¿Olvidaste quitársela?

-Jajajaja, no princesa mazapán, olvidé decirte, no era una espina, fue una espina, ahora ya es parte de él, es ahora un pedazo de piel.

-Ay, no, pobre águila real…

-Sr. Águila real

-Ah… que barbaridad… ok, pobre Sr. Águila real…

-Pues si. Pobre. Pero no lo conmiseres, de todas formas algún día aprenderá, es un águila real, ¿recuerdas?

-Ammm, bueno, tú te creías papalote siendo una bella mariposa, y si ¿él...?

-Noooooo, por favor ni siquiera lo insinúes, él es un águila real, lo es, lo es, lo es, por piedad, déjame creer que es un águila real hermoooso, te lo ruego princesa, no me quites esa ilusión que de a ratos me mantiene viva, con la esperanza de que él se encuentre mejor.

-Perdón. No quise herirte bella mariposa.

-Jajaja y no lo has hecho, me tengo que ir, es un tanto tarde y mi vida está por acabar, tengo muchas flores que visitar antes, y dormir sobre ellas y amarlas a todas y probar su polen.

-Muy bien, cuídate, y recuerda, cuidado, que un águila real puede andar suelta.

-¡Si! Lo mismo un Pikutis, un príncipe de hiel o peor aún… Ar…

-¡Calla! Jajajaja lo tomaré en cuenta, ve tranquila, a mi de pronto me han entrado unas ganas enormes por escribir.

-Como debe de ser.

-Si.

-Hasta que me necesites… nos vemos.

-Hasta que te necesite.

(y la mariposa salió por mi ventana, bella radiante, reflejando los hermosos colores de sus alas).

Ya lo decía yo… demasiada fragilidad la de la mariposa y tremenda imponencia la del águila, era demasiado predecible un final trágico.

-Usted cállese grillito metiche, eso es lo menos importante, lo rescatable es que hoy, hemos aprendido algo ¿cierto? Hemos aprendido en un rato lo que a ella le costaron años de dolor… ¿verdad?

Verdad.

(escribo…)

 

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Aguila